sábado, 14 de abril de 2012

Los toros y la libertad de todos
La reciente llegada al TC de un caso relacionado con la restricción del acceso a las corridas de toros y el manifiesto que, como reacción, han publicado varias personalidades en apoyo de la llamada fiesta brava, han vuelto a incitar el debate público en torno de la misma.
Pero más que el tema de las corridas en sí nos preocupa la concepción del rol del Estado que implica el solicitar a este, impedir una actividad semejante y que hace que en este tema esté jugándose mucho más que los toros.
Respecto de las posibilidades de la ley para intervenir en un asunto como las corridas existe para nosotros un punto esencial: quienes acuden a ellas no afectan con su acción la libertad de ningún tercero. Es decir, no obligan con lo que hacen a nadie. Y si lo que hacen sólo los afecta a ellos, no existe una justificación válida para que la ley intervenga prohibiendo el espectáculo. Salvo, claro, que se crea que la fuerza del Estado existe también para lograr que cada individuo viva una “vida buena”.
Algunos defensores de la prohibición legal de las corridas ensayan un argumento aparentemente más sofisticado que el del “propio bien” de los aficionados al decir que con la corrida sí se afectan derechos de terceros porque se ofende “la sensibilidad moral” de muchos.

Es respetable la posición de quienes no disfrutan de las corridas y preferirían evitar cualquier tipo de sufrimiento animal. Pero que uno tenga una posición respetable no le da legitimidad para imponerla a otros que, por su parte, no le están obligando a nada. Ya que se encarga de a hacer imputaciones poco sustentadas, aunque duras, como aquella que señala que los aficionados van a las corridas atraídos, no por factores estéticos, sino principalmente por el morbo ante el evidente componente de crueldad del espectáculo.
Por lo demás, hay que decir la posición de los anti taurinos pierde su respetabilidad cuando no hay coherencia en ella. Y es que, si asumimos que lo inmoral de las corridas vendría de hacer sufrir a un animal para servir fines humanos, habría que prohibir también todos los otros usos animales, como los alimenticios y gastronómicos, que pasan igualmente por brutales formas de sufrimiento animal. No se puede, en fin, prohibir las corridas de toros sin atropellar la línea que separa a la moral del Estado. La misma línea de la que depende la libertad de casi todas las minorías del mundo, incluyendo esas en las que, sin saberlo y aunque sea sólo respecto de algunos temas concretos, muy bien podría estar usted.
El arte y no en la “tortura”…..opinan los fanaticos

1 comentario:

  1. Muy buen articulo. Yo pienso que la tauromaquia puede ser controlada para no ser tan sangrienta

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